Benito Gómez, intérprete de la vida

Te diré, Benito, amigo, que eres un hombre de caminos fraternos. En cada recodo, en todas las veredas hay una melodía que te busca y no es difícil que un viento aliado te encuentre, porque sabes disponer la acogida como el inmejorable anfitrión que eres.

   Te conocí hace casi veinticinco años, cuando llamaste a nuestra puerta con la prudencia por compañera. En seguida pusiste tu saber y tu voluntad al servicio de los demás y descubrimos que acababa de llegar a nuestras vidas un ser luminoso, inspirador. Lo supimos cuando nos miramos a los ojos y vimos, en ese pozo de bondad que es tu mirada, que nos invitabas al esfuerzo común y el afecto compartido, ese que crece a cada paso, ese que hace interminaable el deseo de estar a tu lado.

   La música es tu universo; mejor, tu universo es la música. Vives cada amanecer como una sinfonía y cuando cae la tarde en tu sonrisa es muy fácil adivinar la armonía de tu trabajo, siempre pulcro, fruto de tu entrega, fruto de tu generosidad.

    Benito, amigo mío, eres parte muy importante de mi vida. Lo escribo con la emoción en el corazón, abrazado al recuerdo imborrable de tantos momentos que deseábamos que no acabasen porque eran los latidos de nuestro horizonte. Juntos vivimos hermosas aventuras profesionales y personales construidas a base de compases de esperanza, de acordes de ilusión, de arpegios de compromiso, de partituras escritas a varias manos. Juntos aprendimos a decidir si en una obra había que incluir un tono sostenido o bajar a bemol. Juntos supimos qué tempo necesitaba el proyecto que emprendíamos y si procedía un allegretto, un allegro o un andante. Juntos, siempre.

   Hoy, Benito, cierras una obra, tu obra. Tú, director de equipos, de personas, de nuestro querido colegio “El Justicia de Aragón” ejecutas tu último gesto para concluir una cantata en la que todos nos hemos sentido voces importantes. Ahora seguro que comenzarás la escritura de tu concierto definitivo, el que interpretarás para nosotros cada día. Porque todo empieza para ti, Benito, el maestro, el músico, el padre, el esposo, el amigo. Porque en tu sonrisa, obertura verdad, hay semitonos de certeza que nos indican que la vida es una canción a capella. Tu canción.

(Publicado en BALCEI, nº 197, septiembre de 2021)




 

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