A dos años del último abrazo de Juan Perpiñá.

   verano06 148Hoy, Juan, el día ha amanecido gris y dormido. Hoy, Juan, cumpleaños de tu adiós, he temido que no naciese el sol, pero qué alegría volver a recibirlo cuando más lo necesitamos. La tarde otoñal, cálida y azul en tu cielo, en ese que vives desde entonces, nos ha llegado como un regalo, perfecto, abierto, como era tu sonrisa, como eran los abrazos que nos dabas.

    Dos años después de tu despedida no nos hace falta nada para recordarte, para mencionar tu amor, para volver a sentir tu presencia, siempre abundante y generosa. Y estas horas de luz mediterránea que nos regalas tú, estoy seguro, son las que quiero vivir en silencio, porque así oiré mejor tu voz.

    Sigo escuchando las voces de los niños que juegan en los jardines de nuestra casa y siento que son las mismas que nos acompañaron aquella tarde de hace ahora dos años y aunque sé que son distintas, el color de esta emoción que me atrapa me acompaña para hacer más fácil recibir la caricia de la melancolía.

    Hoy hace dos años que Juan, el padre de mi amor, el abuelo de mi mañana, te abrazaste a tu deseo por ir a dormir al Mediterráneo. Dos años en los que no hemos podido escuchar tu palabra cálida ni compartir tu presencia acogedora. Dos años. Pero como si dirigieras nuestros deseos, hoy vivimos una alegría profunda al ver a nuestro hijo, a tu nieto Jaime, viviendo a muy pocos metros de la playa en la que te despedimos aquella hermosa mañana de Noviembre. Es una comunión circular, un destino que seguro tu mano escribe para que el xiquet cierre con su juventud levantina escrita en su sangre un camino que está empezando a recorrer con la alegría de vivir que tú le transmitiste.

   Ya te dije hace un año que las olas de Levante están mejor acompañadas que nunca y que toda la poesía que los naranjos son capaces de escribir tiene en tu voz el mejor relator. Juan, nuestro padre, nuestro abuelo, nuestro esposo, nuestro tío, nuestro amigo: estás hoy más cerca que nunca de nosotros. Te sentimos más próximo que cuando estábamos a tu lado calmando la espera que llamaste plácida, y eso nos ayuda a comprender que la ausencia es una llamada al amor y en los brazos de tu memoria nos cobijamos para hacer de este día un canto a la vida. ¡Bendita música que mece este atardecer de playa y horchata!

   Aquí permanece vivo tu recuerdo porque sigues vivo en nosotros.

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