Aquel maestro de un colegio privado.

 Hoy os voy a contar una anécdota que me sucedió en 2011. Tras una jornada de trabajo en la que coincidimos docentes de varios centros educativos aragoneses (casi todos privados y tan solo cuatro públicos) me ofrecí a llevar a casa a uno de aquellos compañeros. Era un hombre joven, muy bien vestido y muy educado que trabajaba en un colegio privado de Zaragoza. Durante el trayecto en coche conversamos y al tiempo que él mostraba un interés inusitado por mi experiencia como director de un colegio público, surgió el tema de la relación con las familias.

   – Yo creo que es muy importante que las familias vengan al colegio con la tranquilidad y seguridad de que las vamos a atender con cariño y que les vamos a poder ofrecer respuesta a sus inquietudes y preocupaciones – le dije.

   – Desde luego, desde luego – asintió – Yo también lo creo y…por cierto, ¿cómo tratáis vosotros temas como la piedad, la compasión, la caridad?

   Era de noche y circulábamos calmadamente por el Tercer Cinturón pero yo creo que de modo involuntario di un pequeño volantazo ante la sorpresa que me causó semejante pregunta.

   Recuerdo que le expliqué que en nuestro colegio no existía un ideario en el estricto sentido de la palabra, que no había una moral única, sino más bien una ética. Hablamos de la diferencia entre una y otra y le conté que, por ejemplo, esa misma mañana había recibido a un matrimonio musulmán, a la madre de un alumno cuyo padre se había ido de casa y que estábamos preparando el Día de la Paz. Y es que un colegio público es un lugar de encuentro y un momento para la palabra y cada familia es un mundo, y no hay dos mundos iguales.

   Le comenté que considerase que en su centro las familias buscaban unos valores determinados, sin lugar para la diferencia. Que muchos de los padres seguramente serían ex-alumnos, algo que me confirmó; que las familias tenían la certeza de que el mensaje que sus hijos recibían estaba escrito desde hace generaciones y que probablemente no había lugar para la contradicción. Todo ello muy alejado de nuestra realidad, donde cada día cuestionamos la vida y la vida nos cuestiona a nosotros.

  Llegamos a las cercanías de su casa y nos despedimos amigablemente. Estoy seguro que igual que yo no he olvidado aquella conversación, él también la recuerda. Y también estoy seguro de que él sigue viviendo en sus certezas mientras yo continúo mi viaje a Ítaca, seguro de mi inseguridad.

1 comentario en “Aquel maestro de un colegio privado.

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