I Congreso Internacional de Innovación Educativa: el latido de las nuevas metodologías.

Cuando César Bona dio por clausurado el I Congreso Internacional de Innovación Educativa, todos los asistentes sabíamos que no era el fin del camino, sino el inicio de mil senderos. Y esa certeza la firmamos a través del emocionado aplauso que le dedicamos a Marisa, la maestra octogenaria de León que con su mirada joven vino a decirnos que el futuro nos espera.

Las dos jornadas vividas en Zaragoza por casi 1500 docentes son como un libro interminable, “a neverending book” en el que se escribieron párrafos diversos y comunes a la vez. Diversos porque cada docente, cada comunidad buscaba respuestas a las cuestiones que les inquietan o planteaba preguntas de respuesta no siempre posible. Comunes porque en todo momento supimos que aunque a nuestro lado se sentara un desconocido no sería difícil reconocerlo como a un compañero de viaje dispuesto a vivir empresas semejantes.

La mañana despertó de la mano protagonista del alumnado aragonés. Ellas y ellos reunieron en el entorno del Pabellón Puente toda una colección de ideas hechas realidad tan verdad como la ilusión que nos regalan día a día.

Belén y Gustavo nos regalaron una presentación que nos emocionó. Navegaron a bordo de un texto limpio apoyado en el concepto “Mayúsculas” cada una de cuyas letras arribó a un puerto lejano y cercano a la vez. Nos hablaron de la educación como mirada y melodía, de la escuela de alma atrevida, de los equipos con rostro de i griega, de los sueños perfumados de utopías, de la sorpresa entre cuadernos sabios. Nos invitaron a ser comunidad bajo el sol del esfuerzo común, a cruzar el umbral que nos anuncia la cara oculta de la luna, a afilar todos los lápices del mundo. Y pronunciaron la A de Aragón con acento diagonal. Y nos señalaron las rutas que nos llevan a nosotros mismos.

Poco después escuchamos a la Consejera de Educación decir que tenemos licencia para innovar. Ese guiño nos sugiere la hermosa idea de vivir mezclados y agitados, pues en la diversidad está la riqueza y en la energía que reunimos hallamos las claves para progresar.

El eje central del congreso fueron las intervenciones de María Acaso (sorprendente en la forma, sugerente en el fondo), César Bona (persistente en la palabra, perenne en el gesto), Richard Gerver (seductor en el mensaje, cautivador en el encuentro) David Johnson (convincente en el método, estimulante en la metodología) y David Cuartielles (vital en la voz, vigoroso en el corazón).

En medio de esos cinco grandes océanos más de una docena de tiempos de acción, mares al fin, sirvieron para pulsar el latido de las líneas pedagógicas más significadas. Catorce propuestas que concitaron la atención y el interés de los congresistas, por lo que se puede decir que de esos encuentros salimos más próximos unos de otros, más conocidos y, sobre todo, más reconocidos.

Y por demás, varias decenas de comunicaciones en las que pudimos conocer muy interesantes acciones educativas compartidas por sus protagonistas. Todas valiosas, todas cercanas, todas sentidas como propias. Quizás ese sea uno de los valores añadidos de este congreso: que a lo largo de dos jornadas Zaragoza fue un escenario en el que sentimos muy próxima la llama de la innovación. Encuentros más breves de lo que nos habría gustado, por cierto, si es que hay un pero que reflejar.

Este Congreso, en fin, ha sido posible gracias al entusiasmo de una comunidad educativa dinámica, a la sensibilidad de una administración receptiva al latido de la escuela y a la generosidad de un equipo de organizadores imaginativo y comprometido. Por todo ello, gracias. Y porque entre todos estamos haciendo de la innovación nuestra seña de identidad.

 

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