¿Qué necesitamos saber el profesorado de Ed. Primaria cuando recibimos al alumnado de Ed. Infantil?

Conversaciones con mis compañeras20150504_110608

Un viernes a la 1 de la tarde es un bonito momento para encontrarte con tus compañeras de Ed. Infantil en el pasillo. Es una situación muy agradable porque es novedosa. No es muy habitual que se produzcan ese tipo de encuentros entre compañeros/as de estas dos etapas educativas.

A lo largo de mi vida profesional he vivido centenares de conversaciones con maestras (abrumadora mayoría) de Ed. Infantil. He habitado los territorios de un equipo directivo y además he trabajado en esa etapa educativa durante dos cursos. Pero además porque creo que hay que procurar que no crezca el césped en el camino entre ambos mundos. Y sigo procurándolo hoy mismo.

¿Qué necesitamos saber los maestros/as de Primaria cuando recibimos al alumnado de Ed. Infantil?

Pues bien, me refería a ese encuentro. Y surge uno de esos temas eternos: ¿qué información necesitamos compartir cuando el alumnado termina Educación Infantil y comienza su Educación Primaria?

No es una cuestión menor. Hay tantas líneas de pensamiento que a veces nos vemos perdidos entre la hojarasca. Por eso, tengo interés en rebajar la tensión y, sobre todo, la presión social. Hablamos de lo que es importante y de lo que es secundario. Y para mí lo importante es, sin duda, la dimensión afectiva, social y emocional de los niños y las niñas.

Una sencilla enumeración para explicar lo que nos gustaría conocer

label_11Cuando se produce esa transición entre las dos etapas educativas a mí me gustaría conocer en profundidad:
– la forma de vida del grupo,
– saber dónde han vivido, es decir su hogar (aula) de origen.
– cómo estaba organizado su universo, sus objetos más queridos,
– de qué color era su mundo.
– cuándo han vivido, es decir sus minuto a minuto
– cómo dibujaban su día a día
– qué olores había,
– qué músicas alimentaban su alegría,
– qué juegos eran sus mejores amigos.
– en qué brazos confortaban sus deseos incumplidos,
– en qué sonrisas encontraban el confort.
– qué canciones cantaban,
– qué poesías recitaban,
– qué cuentos inundaban su fantasía,
– qué personajes les hacían soñar,
– qué experimentos les deslumbraron,
– qué viajes les asombraron.

Me gustaría conocer a las familias que confían en nosotros:
– quiénes son,
– por qué nos eligen para que acompañemos a sus hijos en su crecimiento.

Querría descubrir los secretos del brillo de sus ojos. Que alguien me dijese cómo borraban el llanto de cada uno.
Preguntaría qué palabras empleaban los adultos para que ellos aprendiesen a vivir junto a los demás.
Y desearía conocer cada celebración, cada motivo que hizo imprescindible el encuentro.

Esos momentos que ya son parte de la memoria del grupo y al mismo tiempo de cada escolar y de cada familia.

Cuando ese instante llega es mucho lo que hay que compartir. Y también sé que a veces es difícil encontrar el momento, el lugar y el viento favorable para la comunicación.

Si las condiciones de trabajo fueran otras podríamos cumplir este breve sueño que acabo de relatar. Si las condiciones de trabajo fueran otras podríamos cumplir otras expectativas que las que ahora perseguimos. Pero para que eso se pueda producir hace falta recorrer caminos que a veces ni siquiera nos han enseñado o no hemos querido conocer.

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