Deberes de verano (Heraldo escolar)

(Artículo publicado en Heraldo escolar, 4 de octubre de 2017)

Vamos a empezar discrepando. En este caso del término “deberes”. Cada vez está más y mejor instalado en el colectivo docente la idea de que preferimos hablar de tareas (escolares). Lo hacemos cuando se realizan en el entorno del centro y cuando se llevan a cabo en horario no lectivo. Y aunque hay aún un número significativo de docentes que
“recomiendan” ejercicios y actividades más o menos estándar para ser hechas “en casa”, también es verdad que no resultaría difícil llegar a acuerdos para explorar otros caminos.

El tema admite muchos matices en su planteamiento. Tantos como realidades socio educativas conocemos. Si hoy reuniésemos a un grupo de profesionales de la enseñanza para hablar sobre la importancia, conveniencia y grado de utilización de esta práctica escolar, recogeríamos experiencias muy variadas. Y seguro que cada uno con sus razones. Por eso, no estamos de acuerdo en defender la necesidad innegociable de hacer deberes, pero tampoco creemos que “deberes no” sea una verdad incontestable.

Lo difícil, sin duda, es encontrar nuevas vías de acción y actuación. Cuando llegó el verano, los docentes atendimos a miles de familias que nos interpelaban y nos pedían
respuestas. El período vacacional es una suma de situaciones diversas y cada hogar, en
el fondo, tiene necesidades no siempre comunes. A nosotros se nos plantearon ciertos
dilemas y uno de ellos fue ser capaces de hacer sugerencias que se acomodaran a cada entorno familiar y cumplieran con los fines propios de nuestra tarea educadora. Y ahí es donde se pone a prueba nuestra profesionalidad. Somos buenos diagnosticando pero a veces nos falta “prescripción”.

Por eso, necesitamos diversidad de herramientas para afrontar casos personales, acomodar contextos y armonizar realidades. Y como el patio está repleto de propuestas y muchas de ellas son muy jugosas, nos ponemos de deberes realizar una labor de búsqueda y hallazgo para después compartir. Permitir, en fin, “a los chicos investigar cosas que les interesen” y defender la idea de que “la infancia debería ser mágica y excitante”. Gerver dixit.

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