Educación e igualdad (Heraldo Escolar).

Educación e igualdad (Heraldo Escolar).

 (Publicado en Heraldo Escolar el 9 de marzo de 2016)

“No se trata de tener derecho a ser iguales, sino tener igual derecho a ser diferentes”. ¿Es esta una de esas ingeniosas frases a las que nos estamos acostumbrando últimamente o acordamos que es un principio que debería acompañar nuestra práctica educativa? Hablar o escribir sobre educación e igualdad es un desafío que ilumina corazones a pesar de las sombras que algunas leyes nos regalan.

   Por otra parte, a pesar de que en la segunda mitad del siglo XX se garantizó a todos los niños y niñas el derecho a la educación consagrándolo en todas las constituciones democráticas, la escuela no se ha transformado totalmente y en realidad sigue siendo para unos pocos, pues aunque todos acceden a ella solo una mayoría reducida obtiene partido razonable de las oportunidades que el sistema educativo ofrece.

   Dos ideas, pues. De una parte la necesidad de aprender a respetar (amar) la diferencia y entender que es una oportunidad para crecer. De otra, creer que necesitamos que la escuela lleve a cabo una revolución interna que la convierta en un momento y un lugar de encuentro para todos sus alumnos y para cada uno de ellos.

  educación_igualdad Una escuela por la igualdad tendrá que ser una escuela bonita (no digo cara), en la que la belleza sea la mano a la que asirnos para sentir que respiramos poesía, arte, paz. Una escuela en la que nos maravillemos con el saber. Una escuela que ayude a la palabra a crecer, para ser hablada y para ser escuchada. Una escuela manchada de sociedad, que le abra los ojos al viento de la comunidad a la que servimos. Una escuela de los descubrimientos, que permita a cada uno averiguar cuál es su camino  Una escuela de la creación, para sentirnos más cerca de los demás. Una escuela, no de la razón, sino de las razones, para aprender a hacernos preguntas que solo la vida podrá respondernos.
   Educación e igualdad son verdad cuando el adulto escucha a los niños para descubrir lo que piensan, lo que sienten y lo que sueñan y lo hace suyo con el único fin de proclamar que la escuela debe existir no tanto para los iguales como para los diferentes. Lo dijo don Milani: “No existe mayor injusticia que considerar iguales a los desiguales”.

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