Los tribunales de oposiciones, navíos de cabotaje educativo

¿Por qué escribo este artículo que no sé quién leerá?

1195374   Durante los meses de Junio y Julio de 2013 participé en un proceso de  ingreso y acceso al cuerpo de Maestros (especialidad de Inglés) u oposiciones que se desarrolló en Huesca.  Era la tercera ocasión que tomaba parte en ellos. Y siempre, al finalizar el proceso, quienes componemos los tribunales nos hacemos la misma pregunta: ¿es este el mejor modo de seleccionar a las maestras y maestros?

Los componentes del tribunal, esos «elegidos»

_ies_sierra_de_guara,_huesca_49171775   Para empezar, diré que los miembros de un tribunal viven una especie de travesía. De inicio desconocen la eslora del bajel, la extensión de las velas y el talante del capitán o capitana (presidente/a del tribunal), que en muchos casos no deseaba manejar semejante timón. Sin embargo, esa persona pronto se ve abocada a gobernar a una tripulación (vocales de tribunal) que confía en ella ciegamente (hay quien dice que porque no nos queda otra). Con ella tratará de llegar a su destino como si de un regreso a Ítaca se tratara.

Los primeros momentos

iessierradeguara   La experiencia ofrece unos perfiles muy humanos de principio a fin. Se constituye el tribunal y los primeros minutos  los empleamos en mirarnos con pudor y cierta inquietud unos a otras. Pronto, la presidencia comienza a poner los puntos de la ley sobre las íes de nuestra desorientación. Al poco un suave perfume invade la estancia. Es entonces cuando le abre la puerta a nuestra capacidad de asumir una responsabilidad que ya está sentada a nuestra mesa. Es el instante en que nos damos cuenta de algo muy importante: es la sociedad a la que servimos la que nos pide que hagamos el trabajo de puntuar esas pruebas realizadas por ciudadanos y ciudadanas que persiguen un anhelo que nosotros conocemos muy bien, pues en su día deseamos lo mismo.

¡Uf! ¡Cuántas dudas!

ies-sierra   Ese es un instante delicado. Surgen las dudas, los miedos, la incertidumbre, las preguntas. ¿Sabremos hacer bien nuestro trabajo? ¿Qué valoraremos y cómo? Y una de las cuestiones más esquinadas que ya es un clásico en estos procesos: ¿qué derecho tenemos a decidir sobre el futuro de nuestros iguales? Las respuestas llegarán. Eso lo sabemos quienes ya hemos vivido eso mismo en ocasiones precedentes. Esa certeza tratamos de transmitirla a los miembros de la tripulación de un velero llamado «Tribunal» que tendrá que afrontar dificultades y acerados inconvenientes. Al final llegará a buen puerto, pues es mucho el cariño y el esfuerzo que ponemos por hacer muy bien las cosas.

¿No hay otro modo de hacer las cosas?

9410-alumnos    Y es que lo que se vive a lo largo de varias semanas es un elegante enfrentamiento entre la razón y el corazón. No es otra cosa que la búsqueda de la respuesta a esa pregunta que nos hacíamos en el primer párrafo: ¿es este el mejor modo de seleccionar a los maestros? Podríamos decir que la pregunta es perversa, porque responderla obliga a buscar un «sí» o un «no». Eso sería reducir casi al absurdo la ilusión, el compromiso, el trabajo, la esperanza, la vocación y la opción de vida de tantos y tantas docentes que se presentan a la oposición. Ciudadanos y ciudadanas cuya legítima aspiración les hace merecer nuestro respeto y consideración.

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