Más innovación, menos deberes, ¿mismos problemas?

   prensaHace casi dos años escribí un artículo titulado «La educación, ¿presa de la prensa?». Exponía mi sospecha de que son los medios de comunicación los que marcan los tiempos educativos, los que elevan a la categoría de relevante aquellos asuntos educativos que consideran mediáticamente rentables. No se ha difuminado esa sensación. Al contrario: cada día la confirmo y advierto con desánimo que es la prensa la que decide lo que es importante, de lo que toca opinar y qué temas tienen que hablarse en las salas de profesorado cada mañana.

   deberes03Ahora le toca el turno a los deberes. De repente alguien ha decidido que hay que proclamar a las cuatro pizarras que los deberes son malos. De repente. Y conste que no seré yo quien muestre mi desacuerdo radical con semejante afirmación. Quien me conoce sabe mi opinión y quien no me conozca puede compartir mi idea sobre el asunto leyendo «¿Deberes sí o deberes no?». Y en esas estamos. A saber cuánto dura el debate y en qué cambian nuestras vidas por mor del empeño de plataformas y grupos profesionales que han hecho legítima bandera de esta propuesta.

   presentacionesComo el vendaval innovador que nos visita cada semana. No hay día que las redes no se llenen de iniciativas que pretenden darle la vuelta a la escuela como un calcetín poniendo en tela de juicio lo hasta ahora hecho (la escuela tradicional, llaman) y anunciando las bondades de la tan novedosa metodología que nos muestran. Y os cuento lo que ha sucedido en un colegio esta semana: en el breve período de tiempo de tres días el claustro ha asistido a la presentación de dos innovadoras metodologías. Una, relacionada con la implantación de tabletas en el aula común .  La otra, sobre el uso del método ABN en el aprendizaje de las matemáticas.

   En menos de tres días ese claustro se vio invitado a degustar dos comilonas pedagógicas en las que abundaban exquisitos manjares cuidadosamente elaborados. En eso no hay duda. Como tampoco nos cabe duda de que la digestión fue lo suficientemente pesada como para poder ser digeridos como, seguro, se merecen. 

   Y es que la innovación, el cambio metodológico, del que ya hablé hace ahora un lastrespaño en «Heraldo escolar», no llega a las escuelas a través de una invitación recogida en el paseo marítimo de la educación porque pasábamos por allí, sino que tiene que nacer en el interior de cada maestro, de cada maestra y crecer con el agua de nuestra inquietud, después de vivir nuestro particular viaje a Ítaca. La innovación no llega a la escuela porque alguien nos recuerde en una charla que lo hasta ahora hecho no estaba bien pero que ahí están ellos para indicarnos el camino. Aunque sea verdad; aunque estén en lo cierto. El proceso debe ser pausado, pensado y profundo. Las tres «P», osea. 

   Tras todo lo escrito, seré de nuevo digno alumno de mi profesor de griego, a quien ya he traído más de una vez a este blog, para reafirmar mi fe en que la verdadera innovación educativa, el verdadero cambio metodológico en la escuela es el amor. Lo demás vendrá de la mano de la generosidad

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