Necesitamos otro tiempo en la escuela.

  Como sabes en los últimos años la escuela ha empleado gran parte de sus energías en abrirse a la sociedad, en acercarse a la comunidad y procurar que la ciudadanía nos conociese más y mejor. Honroso esfuerzo que ha dado sus frutos, aunque habría algunos detalles sobre los que podríamos reflexionar. Sin embargo, hay un aspecto de la vida escolar que me preocupa y también me ocupa: la relación entre los maestros y maestras y la necesidad de conocernos mejor. Considero que es importante y de cierta urgencia que quienes somos considerados agentes clave en el proceso educativo vivamos más y mejor la cercanía del otro. Estoy convencido que redundaría en beneficio propio y de nuestro alumnado.

   Y para que ello sea posible encuentro imprescindible una gestión del tiempo y de los tiempos distinta de la que ahora mismo manejamos. Escuchar a nuestros compañeros decir «No tengo tiempo» o «No me da la vida» es más que habitual y con eso transmitimos un mensaje de urgencia, agobio, desazón e intranquilidad que en nada favorece nuestra tarea. 

   Lleguemos a un acuerdo. Vamos a encontrarnos y decidir juntos que nuestra labor como educadores, nuestra vida, en realidad, no es otra que escuchar, conocer, alentar, conversar, explorar, comprender, investigar, confiar, apreciar, emocionar, emocionarnos con nuestros alumnos, a nuestros alumnos, en nuestros alumnos, para nuestros alumnos. Vamos a cerrar ese trato y entonces nos daremos cuenta de que para educar hace falta tiempo. Pero no este tiempo que nos ahoga y nos abruma y nos acorrala y nos encierra en una cárcel de documentos, reuniones, recogida de informaciones dispersas y extrañas al alma del colegio, sino un tiempo que nos libera, que nos anima a dedicarle nuestros minutos a soñar, volar, sentir, asombrarnos de todo lo que la vida nos regala para ser vivido con ellos y ellas. Un tiempo que nos invita a amar.

nuestra_vida

   Esto escribo cuando tengo la suerte de encontrar sitios como el de Manu Velasco, en el que podemos leer que él también cree que la educación necesita tiempo para conjugar muchos verbos. Conforta navegar por mares de conocimiento en los que uno halla voces amigas con las que identificarse y que poder compartir en mi cuaderno de bitácora. Por ejemplo, hoy.

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