¿Nos queda algo de Educación?

  Ha sido un debate parlamentario. Un debate en el que quienes lideran nuestra sociedad han expresado sus opiniones sobre la situación que vive el mundo de la Educación en Aragón. Un momento para el desencuentro y el grito, la acusación y el reproche, la distancia en los datos y la lejanía en el argumento.

   Los ciudadanos sabemos que lo que se juega en las Cortes es una puesta en escena, una performance mejor o peor dispuesta en la que lo importante no es buscar la solución a los problemas sino construir un edificio teatral en el que los personajes interpretan su papel con el fin de lograr el aplauso de los suyos y evitar, al mismo tiempo, que los propios les echen en cara que no han «estado bien» o que el adversario correspondiente «se le ha comido».

   Me imagino a los citados líderes pidiendo informes y dossieres a toda prisa a sus colaboradores con el fin de ofrecer respuestas «de aprobado» a los adversarios, pero no me los imagino escuchando a quienes tanto tienen que decir y en tan pocas ocasiones tienen oportunidad de hacerlo. Los maestros y profesores, en esta ocasión.

   Ha sido un debate parlamentario y como tal estéril, pobre, preso del ruido, cautivo del miedo a perder prestigio y credibilidad. Porque no sabemos quién dice la verdad, no sabemos qué datos son creíbles, no sabemos por qué tenemos que mantener la confianza en ellos. No sabemos casi nada. Nosotros, que en todo caso somos los que estamos un poco más cerca de la realidad.

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