¿Por qué me asusta la Ley para la Mejora de la Calidad Educativa?

¿Por qué me asusta la Ley para la Mejora de la Calidad Educativa?

  Me dispongo a hacer mis deberes: leer el Anteproyecto de ley orgánica para la mejora de la calidad educativa. Las dos primeras líneas dicen: «La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; (…)» Me detengo. Un sudor frío me recorre el corazón, que muy poco acostumbrado a semejantes asertos ha dado un respingo y me pide ayuda. Lo masajeo con todo el cariño de que soy capaz el mismo con el que trato diariamente a mis alumnos, a mis compañeros, a mi gente. Responde. Musito con suavidad unas palabras con las que trato de calmarlo y compruebo que vuelve a latir con la energía que le permite darme la vida y mantenerme alerta el alma. 

   Sigo leyendo: «Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global.» ¿He leído ventajas competitivas? Una nueva arritmia asalta mi Central de Afectos y distorsiona la melodía que acompaña cada uno de mis días, la que perfuma mis horas en el aula y los sueños que , persigo cada noche.

   Trato de seguir leyendo pero estos dos párrafos son como grilletes en la razón que me ha guiado a lo largo de tantos años de profesión. Me hace daño entender que la primera frase expresa el sentido económico la educación, que no debe ser sino una herramienta para construir trabajadores cualificados, competitivos. Y aún más daño me hace leer, poco después, que la Educación es una «fuente de ventajas materiales y simbólicas».

   Si esta es la línea argumental del legislador, si estas son las primeras ideas que el partido en el poder pretende transmitir a la ciudadanía es seguro que no transitaremos los mismos caminos. No dudo de la preocupación del Gobierno por la situación del hecho educativo, pero acudo a mi ser libre para escribir que educación no es una palanca para proyectar al horizonte del mercado laboral productores incansables sin alma ni emociones. Antes bien, haría mucho bien a la sociedad a la que la escuela sirve leer la obra de, pongo por ejemplo, Paulo Freire y asumir que ser persona es mucho más que ser eslabón del mercado laboral. Lo escribió hace muchos años y se quedó a a vivir conmigo desde entonces: «Es preciso reinventar el mundo. La educación es indispensable en esa reinvención.» Así lo dijo; así lo creo.  

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