Los seres humanos asistimos atónitos a los cambios vertiginosos que vive el mundo de las finanzas. Ello eleva a la educación financiera a la categoría de valor indispensable para gestionar nuestra economía.
Un informe del Banco de Santander ilustra el paisaje de la competencia de la ciudadanía. En él habla de cómo el 86% de las personas no ha recibido formación financiera y el 91% considera que la educación financiera debería entra en la escuela. Datos como estos llevan a las entidades financieras a concebir la competencia financiera como una herramienta de progreso que promueve el bienestar y la inclusión.
Sin embargo, voces como la de Jurjo Torres creen que “se confunde la educación financiera con la económica”, lo que es una trampa del sistema. En ello abunda Guadalupe Jover, que defiende la importancia de la segunda, con un enfoque crítico que cuestione el sistema, permita aprender economía y conocer cómo funciona la sociedad.
Elena Novillo, por ende, introduce conceptos como la economía ecológica, inserta en un ecosistema natural que extrae recursos y devuelve externalidades; la economía feminista, que pone el acento en el trabajo de reproducción de la vida y de los cuidados, tarea tradicionalmente femenina y tan invisibilizada y la economía social y solidaria, en la que lo colectivo tiene un papel primordial.
Educación para el emprendimiento, en fin, como párrafo global que construye personas comprometidas con la sociedad.
