Proliferan los estudios sobre la salud mental en la infancia y la adolesencia. Uno de ellos, el dirigido por Mireia Orgilés. En él, el propio alumnado manifiesta que su autoestima está muy mermada y lo relacionan, sobre todo, con las redes sociales. A ello se suma la falta de figuras de autoridad, de referentes. Estos han cambiado y hoy los encuentran en redes sociales.
También ha cambiado la forma de relacionarse. Ello conlleva que manifiesten una cierta sensación de soledad, pues el estilo educativo es diferente y se ha reducido el tiempo de atención a los hijos. Esto hace que las familias se sientan frustradas y desbordadas, porque ven que sus hijos no están bien pero no saben cómo actuar.
Ante este paisaje, Orgilés aboga por dimensionar los centros educativos como un entorno adecuado para procurar que el alumnado tenga herramientas para experimentar una regulación emocional.
El diagnóstico es meridiano. La respuesta es formación, prevención e implicación de profesorado y familias. También de las administraciones públicas y de los medios de comunicación. El profesorado porque tiene que saber cómo actuar en el aula. Las familias porque tienen que saber cómo responder en casa. Los gobiernos porque tienen promover una legislación que facilite acciones eficaces. Los medios porque tienen que seguir siendo los guardianes de la limpieza de la información.
Es la hora de las estrategias, de las decisiones globales, de las intervenciones de futuro.
Proliferan los estudios sobre la salud mental en la infancia y la adolesencia. Uno de ellos, el dirigido por Mireia Orgilés. En él, el propio alumnado manifiesta que su autoestima está muy mermada y lo relacionan, sobre todo, con las redes sociales. A ello se suma la falta de figuras de autoridad, de referentes. Estos han cambiado y hoy los encuentran en redes sociales.
También ha cambiado la forma de relacionarse. Ello conlleva que manifiesten una cierta sensación de soledad, pues el estilo educativo es diferente y se ha reducido el tiempo de atención a los hijos. Esto hace que las familias se sientan frustradas y desbordadas, porque ven que sus hijos no están bien pero no saben cómo actuar.
Ante este paisaje, Orgilés aboga por dimensionar los centros educativos como un entorno adecuado para procurar que el alumnado tenga herramientas para experimentar una regulación emocional.
El diagnóstico es meridiano. La respuesta es formación, prevención e implicación de profesorado y familias. También de las administraciones públicas y de los medios de comunicación. El profesorado porque tiene que saber cómo actuar en el aula. Las familias porque tienen que saber cómo responder en casa. Los gobiernos porque tienen promover una legislación que facilite acciones eficaces. Los medios porque tienen que seguir siendo los guardianes de la limpieza de la información.
Es la hora de las estrategias, de las decisiones globales, de las intervenciones de futuro.
