(Re)inventar la escuela (Heraldo Escolar)

(Publicado en Heraldo Escolar el 23 de mayo de 2018)

Recojo y acojo con entusiasmo la invitación de Carmelo Marcén cuando afirma: “Merece la pena leer y pensar lo que Tonucci escribe o cuenta, lo que Frato dibuja”. Y como soy diligente aprendiz de mis mayores, me aplico a la tarea y acudo a los textos del pedagogo italiano. Y firmo lo que nos propone.

Él nos dice que la escuela de hoy debería ser para todos, pues aún hoy el alumnado de las familias más débiles abandona las aulas porque la escuela lo rechaza.

Que esta escuela sufre y a veces no gusta a casi nadie. Por eso debe transformarse en un lugar que nos ayude a penetrar en otro mundo: el de la cultura, el saber, las artes, la ciencia, la palabra, la solidaridad. Un mundo en el que aprender a ser iguales.

Que la escuela tiene que ser bella y rica en estímulos y en fascinación, el en el que se escucha.

Que la escuela debe estar abierta al mundo, al de los niños. Y luego salir de sí misma para encontrarse con el mundo exterior.

Que la escuela tiene que proponer un abanico de lenguajes amplio. Por tanto, debe existir no tanto para los iguales sino para los diferentes, porque “no existe mayor injusticia que considerar iguales a los desiguales”, como dijo don Milani.

Que la escuela debe serlo también de las excelencias, porque para los mejores siempre existe un lugar de trabajo y porque cada persona tiene un ámbito de excelencia.

Que la escuela debe abrirse a los principios del pensamiento y de la investigación científica y propiciar la creatividad. Esto significa encontrar soluciones innovadoras y satisfactorias a los retos.

Y las cuatro ideas que él mismo considera osadas y yo, necesarias.

Un buen maestro para cada alumno, porque la solución a los problemas de la escuela no la proporcionarán las leyes, sino la mejora de la calidad de los docentes.

De la escuela de las aulas a la escuela de los talleres, porque sabemos que el lugar donde se aprende tiene que ser siempre especial.

Una organización del tiempo distinta, sin timbres ni cambios obligatorios.

Y una escuela que supere el uniformismo de la edad, formando grupos homogéneos según aptitudes, cultura e intereses.

Con estos ingredientes se puede decir: queda reinventada esta escuela.

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