La historia de la educación en España tiene algunos nombres propios. Porfirio Hidalgo en Portugalete y los hermanos Puig en el Maresme fueron faros que alumbraron experiencias solidarias inéditas hasta entonces. Hoy se habla del Aprendizaje-servicio (ApS) como una metodología que tiene dimensión curricular.
Por otra parte, la Agenda 2030 es la gran apuesta de la escuela para dirigirnos a la promoción de una sociedad más justa, democrática y sostenible. O lo que es lo mismo: los ODS. Aquí os invito a seguir a Carmelo Marcén, cuyas palabras guían a quienes combatimos la división social, buscamos la cohesión social, defendemos el valor de la convivencia y amamos el respeto democrático.
Esto dos fogonazos nos llevan a la esperanza. Si sumamos experiencias como la del CEIP “Puerta Sancho”, el futuro nos llama a la puerta con los nudillos de la economía circular. Este centro zaragozano, como ocurre en muchos otros, ha encontrado en los universos ApS y ODS sendos caminos de construcción de comunidad a través de su proyecto “Sanchocirculares”.
Algunas de sus señas de identidad son implicar a las familias y a la ciudadanía, desarrollar conciencia ambiental en el alumnado y fomentar valores de solidaridad y compromiso ciudadano.
Su experiencia, como tantas otras en nuestras aulas, son la prueba de que la escuela crece con la sociedad a la que sirve y la traducción exacta de lo que define Luis G. Reyes cuando habla de facilitar estrategias globales que superen las acciones individuales. Comunidad, en fin.
