A Alicia Puértolas.

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Descubro las letras que me salen al paso
y en todas ellas, Alicia,
encuentro un ramo de vida.
No tanto por el brillo de tu recuerdo,
como por el sonido de tu voz.
Descubro palabras con los ojos abiertos,
como esas mañanas que adivino
entre tanta sonrisa por llegar,
tanto amor que recibiste de quien tanto te quiso.

Se me ocurre que esa cabecita
tan llena de viento libre
caviló un futuro que ha llegado más deprisa de lo que deseaste,
pero ya está aquí, Alicia,
insolente y galán, como es él.
Y está aquí, porque tú, recuérdalo, lo llamaste.

Los días te ofrecieron su mirada inapagada
y abriste cada una de las páginas
que los ríos del saber te mostraban con su ingenuo galope.
Elegiste el sendero de la entrega,
esa que exige que tu corazón sepa de caminos encontrados,
de manos tendidas y voces unidas.
Tantas sonrisas a la vez, tantas frases a la vez, tantas veces a la vez.

Y todas las alegrías oportunas
las guardaste en un recodo de tus noches,
para que nadie las toque,
para que nadie las confunda
con las gotas que el sudor o el rocío
han dejado en la tierra que te propone un oasis de memorias recogidas.

Porque no ha habido deriva en tu continente
ni tu espalda añoró las alas que no tuvo.
No ha hecho falta.
Nunca hará falta.

El mar
es como la tentación que anuncia la botella errática
que alguien lanzó a los brazos de las olas.
Pero hay muchos mares, tantos como rostros sinceros has conocido.
El tuyo, Alicia, ha llevado dibujado en cada golpe de espuma
la mirada de un niño,
el aroma de un niño,
el tacto de un niño,
la música de un niño.
Como estas melodías que te regalamos,
que hoy son como las gotas de la lluvia bendecida por la tierra
y mañana serán el beso de tus recuerdos.

Esa mujer, esta mujer, eres tú,
cosida a la vida que has amado
y al hombre que elegiste
y te eligió como el mejor sol posible.
Juan, Alicia, es como esa puerta que te abre las calles para que las camines,
para que las conozcas,
para que te lleven hasta el país de las bibliotecas eternas
en las que no caben más historias
porque la mejor de todas ellas, Alicia,
está por escribir.
Y serás tú quien ponga la palabra fin.

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