Antonio, dí que eres alma.

Bueno, papá, ya le has dado el último abrazo a la vida. Ya no brillan tus ojos color madera que tanta luz desprendían.

Tenía guardadas estas líneas en el cajón de nuestra memoria desde hace mucho tiempo y hoy aquí están, serenas, eternas. Escritas con renglones rectos. Son destellos que nos iluminan y nos abrazan con cuidado. Son como un susurro que nos acompaña.

Hoy, papá, hay más sol que nunca porque el cielo es más cielo. Te llevas un trocico de tu Alcalá y de tu Chiva pero aquí nos dejas la vida que nos regalaste. Nos ves juntos, como siempre quisiste que fuera, y alrededor de tu voz seguiremos el camino que nos enseñaste a andar.

Te queremos. Y por ese amor que juntos hicimos grande vamos a vivir cada día contigo a nuestro lado. Y con risa en el corazón, como te gustaba cantar en las reuniones familiares cuando te arrancabas por Juanito Valderrama.

Te queremos. Y por ese amor infinito que construiste junto a la mamá vamos a hacer que el tiempo sea nuestro más fiel aliado. Antonio, valiente, generoso. Antonio, nuestra sangre manchega. Guárdanos el futuro y danos la luz que nos alimente. Antonio, hombre noble, dí que siempre serás alma.

Adiós, papá. Tu coro de serafines te espera. Adiós, papá. El agua de tu infancia te aguarda. Pronto.

Esta entrada fue publicada en Poesía, Retratos de amigo y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *