“Los humanos han adorado a las matemáticas, les han encantado, y debemos hacer que las próximas generaciones también disfruten”. Esta afirmación de James Tanton encierra una declaración de intenciones: acercar el saber a la sociedad. El ser humano es curioso por naturaleza y debemos generar ecosistemas que propicien el entendimiento del mundo que habitamos.
En más de una ocasión reconocemos que cuando vamos a la escuela las matemáticas no son nuestra preferencia. Es más tarde, al preguntarnos por qué las cosas funcionan o no funcionan, al jugar con las ideas y con el razonamiento lógico, cuando descubrimos qué son las matemáticas.
Habla Tanton de los números como un vehículo para jugar con las ideas, un sendero que nos lleva a ser curiosos y hacernos preguntas. También nos muestra que “en la escuela las matemáticas son aprender algo, después aprender muy rápido y hacerlo de forma correcta con presión y sin errores”, algo que no considera justo, porque hacemos matemáticas sin saber por qué y es necesario saber la razon de nuestros actos.
La experiencia docente nos habla de la importancia de aprender cómo pensar, cómo ser autónomos y adquirir confianza en uno mismo. En una sociedad en la que la tecnología ocupa tantos espacios y momentos, convenimos que la tarea del profesorado tiene más que ver con la enseñanza del pensamiento que con, por ejemplo, encontrar respuestas aritméticas. Entender por qué funcionan las cosas y devolver la parte humana al hecho matemático.
