Sí, querido Ángel. Sé que te acuerdas de aquel día en que una inspectora dijo ante los invitados a aquel acto: “Cuando llegué a vuestro colegio me dijisteis: “L., aquí cuidamos a la gente”. Nos miramos y sonreimos. ¿Cómo no hacerlo contigo, si tú inventaste la alegría de vivir?
Sí, lo hablamos muchas veces. Somos personas quienes educamos a las personas. Todo lo demás, la ideología, la metodología, la organización, la comunicación, el currículo, todo, no tiene sentido si a su lado no caminan seres humanos dispuestos a seducir, a emocionar, a aprender, a escuchar, a acoger, a construir, a emprender, a entregarse, a conocerse, a sintonizar, a crear, humanizar. Seres como tú.
Sí, a cada artículo que he escrito en esta columna puedo vincularle una experiencia vivida juntos. Desde los equipos directivos hasta la prensa, la radio y el vídeo en el aula, pasando por el bilingüismo, las tecnologías, la evaluación, el GIR, la participación, la relación con las familias, la estrechísima relación con otros centros, la animación lectora, el aprendiendo a emprender, los viajes de estudios, la participación, la escuela rural, la relación con las familias, la música siempre, la comunidad cuidadora y tantos otros senderos que compartimos y nos enseñaron a vivir la vida en plural.
Sí, me faltan mil páginas para contarle al mundo mi vida contigo. Maestro ejemplar, sencillo y profundo. Fuiste la ola que llegó a las mil orillas, que amaba a la vida pero al que, sobre todo, la vida amaba.
