Son tiempos veloces. Violentas olas del ajetreo nos abruman y hacen que sea sencillo echar a perder el hoy, faltos de la conciencia del momento que vivimos.
Todo ocurre a un ritmo tal que corremos el riesgo de perder los recuerdos, de extraviar la memoria. Nos acecha la amenaza del olvido, como si nos alimentáramos únicamente con el fruto del árbol del loto.
Afortunadamente, siempre hay un Ulises que nos empuja a embarcar y emprender el viaje de regreso al hogar. Ese almirante consciente puede ser la fuerza de la comunidad, la sabia voz de Homero, que cree que necesitamos
recordar para ser recordados.
Eso lo saben muy bien nuestros centros educativos. Cuando el tiempo cierra el círculo del pasado y el presente llega ese momento lúcido en el que confluyen los mil caminos compartidos. Hablamos de los aniversarios.
Hubert Hannoun afirma que “educamos para perpetuarnos a través del educando”. Hermoso intento por acercar la certeza del ayer a la incertidumbre del mañana.
De nuevo la figura del remero que encuentra la dirección adecuada mirando hacia atrás pues es muy necesario conmemorar lo vivido. A esa fiesta de la vida se suman las escuelas cuando el calendario las reclama. El más reciente,
el colegio “Justicia de Aragón”, de Alcorisa, que al cumplir 50 años lo ha celebrado como mejor sabe, es decir, covocando a quien es el alma de su ser: la ciudadanía a la que sirve. Como lo hacen tantos otros centros que descubren en el esfuerzo común la llama que ilumina el futuro.
