Hablemos de educación

César Bona, maestro que emociona.

   Vivimos un momento de alegría. César Bona, maestro, uno de los nuestros ha sido y es portada de periódicos y objeto de entrevistas en radio y televisión con motivo de su candidatura al Global Teacher Prize, galardón considerado por muchos como el Nobel de Educación. No tengo el gusto de conocerle pero en cuanto leí la noticia (gracias, por cierto, a nuestra querida Raquel Roselló) le envié un mensaje de felicitación.

   Escribí el texto contento, ilusionado, emocionado. Me alegré de su alegría y compuse un pequeño mosaico de palabras a ráfagas con las que sigo conviviendo. Me parece que ser maestro, nuestra vocación, nuestra razón de vivir, hoy y aquí sigue teniendo su dificultad, así que noticias como que César sea primera plana por algo muy bueno (su trabajo, su labor, su mensaje de vida) es como para estar feliz.

   César se encuentra viviendo un sueño y nosotros con él. Nominado como uno de los cincuenta mejores maestros del mundo la comunidad educativa ha reaccionado con prontitud. Se ha alegrado de su reconocimiento y en el fragor de esa batalla mediática está llevando su voz y su melodía hasta los últimos rincones de nuestra sociedad. De este modo se sabrá que se puede enseñar, aprender, amar, soñar y beberse todos los vientos que la vida construye en medio de este maremoto social en el que vivimos. Además, comprobamos que la sociedad a la que servimos valora su mensaje como se merece.

   Esto es bueno. Muy bueno. Y va a ser aún mejor. Para todos. Para todas. Por eso, por lo que nos queda por disfrutar, por conocer, por saber, por aprender planteo aquí algunas cuestiones que ya he tenido ocasión de compartir con mis amigos maestros y profesores y que se encuentran, como en la obra de Pirandello, en busca de respuesta.

1. Me imagino que nuestra administración educativa ya estará valorando la posibilidad de trasladar a todos sus trabajadores el mensaje de César. Un capital educativo y humano de semejante importancia no se puede dejar tan solo en manos de los medios de comunicación, únicas correas de transmisión, hasta el momento, de su obra salvo ese encuentro con estudiantes oportunamente propiciado por la Facultad de Educación. Los maestros, el profesorado en general nos encontramos huérfanos de mensajes esperanzadores y todos acogeríamos con agrado las enseñanzas de un maestro que se ha convertido en portavoz de nuestra vida, tan desconocida, por otra parte.

2. Harían bien los medios en continuar su labor de divulgación de la práctica educativa de cientos, de miles de excelentes profesionales de la educación que, día a día, recorren con valentía y sinceridad de alma los caminos trazados desde su juventud. La educación en España ha sido y es en demasiadas ocasiones presa de la prensa, que prefiere hacerse eco de otro tipo de situaciones más próximas al conflicto y la incomprensión que al trabajo bien hecho y el esfuerzo común.

3. ¿Hacia dónde hemos estado mirando todo este tiempo? ¿Qué niebla ha estado impidiendo hasta ahora que no hayamos sido capaces de ver que la excelencia la teníamos al lado? ¿Por qué nadie nos había dicho que nuestro trabajo, el trabajo de nuestros compañeros de la escuela pública española, la maltratada, la siempre sospechosa, la mutilada es altamente reconocido fuera de nuestras fronteras por instituciones de prestigio?

4. Y, de momento, por último: ¿quién nos explicará qué diablos tiene que ver el excelente trabajo de César Bona y su admirable mensaje «nobeliario» con este maremagnum de indicadores, criterios de evaluación, PISA’s, evaluaciones externas y demás hojarasca documental? Porque a mí no me salen las cuentas. Si el compañero está encendiendo una luz que muchos seguimos con el amor que nos llevó a elegir esta bendita profesión nos sobran las sombras de los cuadros con que el tsunami evaluador nos amenaza.

   Aquí se quedan estas cuatro sencillas reflexiones que este maestro de diario nacido en plena crisis de los misiles trae a su blog con el fin de abrir la lata del año 15 de la Era Sélfica. Aquí se quedan hoy, 31 de diciembre de 2014, último día de un año que ha sido niño, joven, maduro y viejo y nos ha dejado enseñanzas, amores y vacíos. Y nos lo quedamos todo.

el futuro

7 Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies