El 11 de febrero es el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha que nos recuerda lo necesario que es abordar la brecha de género existente en la sociedad y, por ende, en las aulas.
“Hace tres décadas que hay más mujeres que hombres en el conjunto de las disciplinas científicas”. Esta afirmación borra la idea de que las mujeres no están interesadas en la ciencia y nos invita a trabajar para erradicar roles y estereotipos sexistas.
María Loureiro advierte de que con frecuencia las campañas de concienciación se dirigen expresamente a las mujeres y a las niñas. Actuando así, parecen ellas las únicas responsables de las desigualdades existentes, obviando las actitudes del colectivo masculino. “Una correcta práctica coeducativa”, escribe, “debe trabajar con mujeres y con varones, no puede recaer toda la carga sobre las chicas”. Con la sociedad, en fin.
Creo en las estrategias apegadas a lo natural, que presenten el trabajo de las mujeres en ciencia como algo normal. Creo en la importancia de su reconocimiento a lo largo de la historia y en la consideración del momento en que se produjo. Conociendo el contexto le otorgamos el valor adecuado a sus aportaciones.
Por último, creo en el día a día, más allá de las campañas, necesarias, pues son los actos sencillos, cotidianos, como asignar roles en los trabajos en grupo haciendo partícipes a chicos y chicas de todas las tareas, los que más y mejor contribuyen a lograr, con Kavafis, el sueño cálido y encantador.