El ajedrez habita territorios lectivos propiciando una transformación en las relaciones personales del alumnado. Su presencia en la vida escolar genera espacios de calma que facilitan la aparición de las habilidades ocultas.
El vínculo con el currículo destapa beneficios como la toma de decisiones y descubre la bondad de la asunción de responsabilidades. Si conectamos la práctica del ajedrez con el desarrollo de su capacidad de análisis, estaremos formando personas responsables. Un sendero que nos invita a incorporar la importancia de aprender a asumir las consecuencias de nuestras decisiones.
Estas ideas nos las traslada Manuel Azuaga, quien a su vez nos presenta a Daniel Kahneman, autor de la teoría sobre los sistemas de pensamiento. Tanto el sistema uno, el intuitivo, como el dos, el que permite procesar información y desarrollar la concentración y la anticipación, encuentran cobijo en el ajedrez. Al hilo de su presencia, destaca Azuaga su enorme transversalidad. Porque el ajedrez, por sus características cartesianas, es matemáticas, la música contiene un estrecho vínculo con el ajedrez y la lengua “descubre en su esencia cómo analizar una posición y leer son ejercicios cognitivos muy parecidos, con sus significantes y sus significados”.
En Aragón habita el programa “Ajedrez en la escuela”, sólida iniciativa que acaba de celebrar una nueva fiesta del ajedrez. Lo dice Leontxo García: noticias como esta nos animan a pensar que el mundo tiene esperanza.
