El otoño a veces se cae en los corazones de los hombres y no siempre hay una mano que pueda recoger los trocitos de miel que se esparcen a nuestro alrededor. Si eso ocurre siempre nos quedará una lágrima con la que limpiarnos la tristeza, una palabra con la que invitar a la melancolía, esa dulce compañera que cuando te descuidas se acuesta a tu lado y sólo Dios sabe con qué intenciones.
Son estos días los que nos envuelven y nos traen la memoria de los amigos que se fueron siempre antes que siempre, los familiares muy queridos que acabaron su