Vivimos envueltos en un gran desconcierto educativo en medio del cual la Universidad busca respuestas, en ocasiones quizás algo alejada de la escuela-institución. Por ello, empecemos por el principio: abrir la puerta a la formación de los futuros docentes.
Para mejorar la formación del profesorado las Facultades de Educación se esfuerzan por erigirse en líderes del cambio y ser protagonistas de la sociedad del aprendizaje. Eso es positivo, pues necesitamos una universidad referencial, conprofesorado prestigioso y alumnado dispuesto a convertirse, a su vez, en vértice de la evolución.
La buena noticia es que nunca ha habido un colectivo docente con mayor formación que el actual. Las notas de acceso a los grados de educación se han incrementado sustancialmente, la duración de su formación se ha equiparado a otras carreras y es habitual encontrarnos con futuro profesorado con dobles titulaciones o másteres. Además, figuran entre los profesionales con más formación continua. Sin embargo nos encontramos con valoraciones negativas sobre la formación del personal docente. Es la mala noticia.
Este prejuicio hace que se pierda la confianza en un profesorado que se siente poco valorado. Las medias verdades y la crítica sin argumentos hacen mucho daño. Por eso es tan importante ser conscientes de los avances logrados y promover una formación fruto de la reflexión que responda a las verdaderas necesidades del profesorado y, sobre todo, del alumnado.
