“Para mejorar la educación es indispensable reducir la ratio en el aula”. Los argumentos a favor, aparentemente irrefutables: mejora la atención a la diversidad, permite una educación personalizada y favorece los procesos de tutorización. Enfrente, quienes no creen en sus bondades y ponen el acento en el (excesivo) gasto.
En España hay más alumnos por grupo que en la OCDE pero menos por profesor, pues la haber más horas lectivas se incrementa el número de docentes. Los estudios realizados indican que cuando el alumnado en el aula disminuye su rendimiento es mejor y mejora la tasa de idoneidad. Estas mejoras se aprecian significativamente en el alumnado más vulnerable y con necesidades educativas.
La experiencia dice que una ratio más favorable hace posible implementar metodologías diversas que se ajustan a las diferentes realidades. Además, propicia una mejor autoestima tanto del alumnado como del profesorado al vivir situaciones de éxito y de consecución de logros.
La educación emocional de nuestro alumnado y abundar en su bienestar y el del profesorado es asunto sustancial, así como aprovechar que este ecosistema propicia una mejor calidad de la convivencia.
Coincido con Rogero y Turienzo cuando proponen la ampliación de profesorado en los centros y la dotación de suficientes recursos, a lo que añado una organización de tiempos y espacios que haga posible acercarnos a esa orilla soñada de una educación inclusiva y de calidad para todo el alumnado.
