¡Canta, oh, diosa! (Heraldo Escolar)

Cuando conocí a Alejandro Magno supe que en una ocasión le presentaron un cofre. Les preguntó a sus hombres: “¿Qué podría ser eso tan valioso que debiera ser guardado aquí?”. Le respondieron con propuestas razonables pero él las rechazó todas para ordenar después que colocaran dentro un ejemplar de “La Ilíada”. El implacable conquistador nos mostró así el camino por el que transita el alumnado que recientemente vio reconocido su talento y esfuerzo como escritores de microrrelatos y poemas y como traductores de textos en griego y latín.

Es difícil entender que el mundo puede no ser suficiente para estos chicos que quizás puedan tener una leyenda propia. Es difícil resistirse a los cantos de las sirenas de lenguaje binario y por ello pareciera que gracias a su profesorado, auténtica reencarnación de Perimedes y Euríloco, se mantienen firmes en su voluntad de acercarse al mundo clásico. Es, seguro, su manera de llenar el vacío que nos habita desde Roma hasta nuestros días.

Fue una tarde jubilosa en la que la Sección de Aragón de la Sociedad Española de Estudios Clásicos honró a estudiantes aragoneses comprometidos con la cultura clásica. Adolescentes en cuyas miradas brilla el reflejo de Homero y se refleja el brillo de Virgilio con la naturalidad por compañera y la pasión por aliada. Fue, en fin, una tarde declinada, amable con el viajero que huye de inhóspitos parajes extendidos como verdad absoluta y llama a nuestra puerta, la entrada al hogar común que es la cultura clásica.

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