Cine: "Scarlett Johansson, sonrisa ladera".

Si hay una sonrisa que te abraza desde el amanecer, es Scarlett. Una sonrisa madrugadora, temprana, como un grano de uva de plata amarilla. Sobre ella, dos ojos maduros que invitan a la vida y la vida, a la muerte y la vida. Son máquinas de miradas infinitas, y dulces, las miradas. Son herramientas de amar en los sueños que cada segundo podemos inventar con las mismas palabras que a veces destruimos por no saber usarlas.

Scarlett vuelve a nosotros. A su lado, Matt Damon. La obra, “Un lugar para soñar”, una historia basada en la vida. ¿Se hace vida? Lo veremos, pero ya siente el espectador que lo será un aroma que atrapa si piensa en ella. Que ya nos cautivó en “Lost in translation” y nos enseñó la puerta de salida hacia mundos que buscamos torpemente pero nunca hallamos porque las hojas muertas ocultan las señales. Su presencia llena tantos vacíos que será imposible respirar otro aire que no sea el suyo si hemos aprendido a amar la belleza. ¿Cabe más sensualidad, dulce como la suya, en el deseo de un hombre o una mujer?

Matt Damon, decíamos. Y un relato que ya ha sido relato porque no hizo falta que nadie lo escribiera: bastó con que sucediera. Un relato que ya tuvo su final y ahora nos descubre Scarlett de la mano de Cameron Crowe para que aprendamos que los sueños tienen carne, alma y sonrisa. Sobre todo, sonrisa. En esos labios.

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