Acercar el uso de entornos y herramientas digitales a la práctica educativa e integrarlas en nuestras vidas de forma natural es un reto que la escuela ha afrontado con desigual fortuna.
Incorporado a este universo el concepto TAC nos acercamos ahora al ámbito TRIC, aceptando el universo relacional como una dimensión sustancial de nuestro ecosistema.
Las tendencias nos invitan a considerar la importancia de la construcción de una ciudadanía altamente digitalizada, un escenario en el que la escuela representa un papel secundario. Mucho que hablar, que pactar. Claustros, familias, equipos directivos y administración buscamos la sintonía de un acuerdo al que llamamos “Las tres C”.
La “C” de creer. Creer que son necesarios unos planteamientos metodológicos en los que la tecnología sintonice con una sociedad que nos demanda nuevas formas de educar, de vivir. Creer, pues, que el cambio es posible.
La “C” de compromiso. Personal y profesional, para desarrollar un modelo pedagógico sostenible. Un compromiso que propicia condiciones de trabajo favorables y ofreciendo tiempos (¡ay, los tiempos escolares!) y espacios para el encuentro.
La “C” de competencia. Ser competentes con unas herramientas, recursos, metodologías que deberán ser nuestras amigas. Y para ello, formación adecuada y posible, pues el profesorado necesita aliento, equilibrio y estabilidad. Competencia, así, para dar lo mejor de nosotros mismos.
En todo caso, aceptamos la C como compañera de construcción.
