El valor que tiene la escuela de vivir en valores

valoresHoy voy a contar una anécdota que viví hace tiempo. Tras una jornada de trabajo con profesorado de varios centros, privados, concertados y públicos, me ofrecí a llevar a casa a uno de aquellos compañeros. Era un joven que trabajaba en un colegio privado de Zaragoza. Durante el trayecto conversamos. Al tiempo que él mostró interés por mi experiencia como director de un colegio público, surgió el tema de la relación con las familias.

– Creo que es muy importante que las familias vengan al colegio con la tranquilidad y seguridad de que las vamos a atender con cariño y que les vamos ofrecer respuesta a sus inquietudes -le dije.

– Desde luego, desde luego – asintió – Yo también lo creo y…por cierto, ¿cómo tratáis vosotros temas como la piedad, la compasión, la caridad?

Era de noche y circulábamos calmadamente por el Tercer Cinturón pero creo que de modo involuntario di un pequeño volantazo.

Recuerdo que le expliqué que en nuestro colegio no existía un ideario en el estricto sentido de la palabra y le comenté que no había una moral única, sino más bien una ética. Tengo muy vivo que le conté que esa misma mañana había recibido a un matrimonio musulmán, a la madre de un alumno cuyo padre se había ido de casa y que estábamos preparando el Día de la Paz. Que un colegio público es un lugar de encuentro y un momento para la palabra y cada familia es un mundo. Y no hay dos mundos iguales.

Aquel compañero me escuchó decirle que debía tener en cuenta que en su colegio las familias iban buscando unos valores determinados, sin lugar para la diferencia. Que muchos de los padres seguramente serían ex-alumnos, algo que me confirmó; que las familias tenían la certeza de que el mensaje en el que sus hijos iban a crecer estaba escrito desde hace generaciones y que probablemente no había lugar para la contradicción. Todo ello muy alejado de nuestra realidad, donde cada día cuestionamos la vida y la vida nos cuestiona a nosotros.

Estoy seguro que igual que yo no he olvidado aquella conversación, él también la recuerda. Y también que él sigue viviendo en sus certezas mientras uno continúa su viaje a Ítaca seguro de su inseguridad.

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