Sabes, mi Luna, a escarcha cálida
y en mis labios guardo la melodía de tus caricias,
pero no se me acaba la noche
en la que el sol me mostró tu voz vertical y necesaria.
Has escrito, mi Luna, un poema
en las esquinas de nuestro amor
y aún nos quedan mil valles en los que acostar tu aroma.
Los he disfrutado en cada sueño que no te tuve
y en las miradas furtivas con que jugamos
aprendí a no olvidarte.
Cuando llegan tus susurros a la playa de mis manos
nace, mi Luna, un pasado ancho y experto
que dormita en la alta mar de nuestros besos
y sobre las olas de un poema escrito al amanecer
se queda tu voz, viva, fulgurante.