Navego la ciudad.
No hay mar que la bañe ni olas que la acaricien
pero en sus riberas de sueños de viento
se acuesta tu sedosa piel, mi amor.
Navego la ciudad.
Mil calles adormecidas me piden que las pasee
y cuando escribo mis pasos en la oscuridad
un temblor de besos me invade
y sujeta mis manos para que las guarde del frío.
Navego la ciudad.
En cada luz que me ocultas,
en cada caricia que no me atrevo a pedirte
se esconde el susurro que necesito
porque me muero sin ti
y vivo por no tenerte.
Navego la ciudad.
Hay tantas palabras para regalarte
que me ahogo en mis versos
cuando no soy valiente
y no me asomo a tu espalda
porque me asusta el acantilado de tus caricias.