A Juan Perpiñá, palabra de mar.

Juan Perpiñá le ha dado el último abrazo a la vida. Lo ha hecho en el calor del hogar, envuelto en las caricias de los suyos, mostrándole al cielo una sonrisa recta y valiente, como lo fue su existencia, como lo fue su palabra.

El padre de mi amor, el abuelo de mi mañana, acertó a ponerle cara al momento que a todos nos aguarda: “la plácida espera”. Una espera de alguien que siempre tuvo a la esperanza por bandera que siguió con la fuerza que le daba creer que creía: amó al amor, trató de derrotar a la derrota y supo que era posible no saber, por lo que aprendió a aprender.

verano06-148Juan se ha ido porque la vida se le salía por cada poro de su piel. Su mirada, anclada en una memoria que guardamos con la misma pasión con que compartimos cada minuto que construimos juntos, encontrará caminos que le seducirán y que recorrerá con el vigor del joven que descubre que tienen que nacer flores a cada instante.

El color del aire de Valencia le vio nacer y el mar que baña el Levante será el testigo de su adiós. Es ahí donde se reencontrará con sus raíces, las que siempre acompañaron sus sueños, las que en todo momento ilustraron su anhelo de un mundo más justo y más libre. Si queda una sonrisa que construir que sirva para recordar a este hombre que ahora emprende el viaje; si hay una palabra fértil que coser a nuestro futuro, que podamos utilizarla para escribir el más humano de los versos. Él lo sabrá leer.

Juan, padre, descansa en paz. 

3 commentarios

  • Por mi trabajo, desgraciada o afortunadamente, he visto a muchos partir de aquí, de este mundo, hacia donde ninguno sabemos, hacia donde algunos tenemos la esperanza de que están nuestros seres queridos, que han ido por delante de nosotros, y que nos esperan con los brazos abiertos.
    De tantos como he visto irse, puedo afirmar con rotundidad que a ninguno he visto con la paz de él, con su esperanza, su serenidad, su mirada dulce, su no «querer molestar». No puedo dejar de escribir estas palabras porque terminé admirándole aún más de lo que le admiré durante su vida, porque no entendía cómo podía mantener esa entereza en sus últimos momentos, y porque luego comprendí, que sólo el que tiene un alma limpia y buena como la de él, es capaz de llevar así el sufrimiento y «el final». Gracias por tu ejemplo, de vida y de muerte.
    Si Dios es bondad tú estás con él seguro. Hasta pronto, no te olvido, te llevo dentro hasta que nos volvamos a encontrar.

  • Hola Juan:

    Yo no le llegue a conocerle mucho, pero si que tengo la sensación de que era una de esas personas a las que me gustaría oír una noche de invierno contando sus aventuras y vivencias; alguien especial que no dejaba indiferente a quien lo conocía.
    Hay un vídeo que a mi me gusta ver en los momentos en que todo se me viene encima, por una lado me sirve para relativizar las cosas y por otro para comprender nuestra pequeña grandeza humana: «ese pálido punto azul»
    http://www.youtube.com/watch?v=F3eH_twjIS8
    P.D. La verdadera muerte es el olvido y estoy seguro de que no dejaréis que eso suceda

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