Entramos en Territorio Consejo Escolar. A mediados de los años 80 nacieron estos órganos de participación. Recuerdo bien aquel ingenioso eslogan: “Si quieres un buen consejo, vota”. También que una de las razones que ayudaron a impulsar su nacimiento fue empoderar socialmente a la mujer.
Hoy, cuarenta años después, afirmo que siguen teniendo participación social gracias a las madres. Esta realidad coincide con la pérdida del papel que se les asignó. Hoy es muy difícil encontrar comunidades satisfechas con el
funcionamiento de su consejo escolar o, por lo menos, que defiendan el rol de gestión y control de los centros educativos.
Su función ha sido objeto de disputa, obviando en ocasiones que hablamos de un derecho constitucional, recogido en la carta magna en el artículo 27.7. Au contraire: abandonamos la cultura democrática y olvidamos, leyendo a J. L.
Pazos, que “la democracia es principalmente el respeto a las formas y a las normas”. Palabras mayores.
En mis años como miembro de un equipo directivo defendí la importancia de un consejo que tuviese por principios la comunicación, la transparencia, la participación, la asunción de responsabilidades y la compartición en las
decisiones. De un consejo, en fin, democrático. No fue fácil, ni grato en ocasiones, pero teníamos como luz que nos guiaba el firme convencimiento de que la escuela y la casa son los entornos en los que se construye la persona. Y los consejos escolares son hogar de civismo y ciudadanía. Cuidémoslos.
