Poema: "Días dorados, dichosos".

Hay días dorados, dichosos, desarrugados,
hay días desperezados como un cuaderno joven.
Hay días dulces como el azul de las letras.
Hay días para dar y aprender.

Hay días que le cambian la mirada a las palabras
y le procuran alegría al invierno rubio que me enseñas.
En cada uno de ellos
escucho el cristal de la risa niña
a la que acompaña la vida calmada.

Y pienso:
“¿Qué pasillo llenarán las voces nuevas
que un maestro sueña convocar?
¿Qué mañanas veteranas
de tiempos que abandonó el silencio
estarán dispuestas a ofrecer más futuro que pasado?

Los recuerdos son más
que un minuto
descolgado de un reloj.
Por eso me gustan los horizontes de viceversas.
Por eso amo a los maestros de viento ancho,
a las maestras que cosen los latidos
y componen melodías ordenadas
y describen parábolas en los álamos de la verdad.

Por eso aumento la voz de las tierras húmedas y madera,
para saberme alto y dulce.
Así, recuerdo ese río que cantó
el feliz poema que nunca aprendimos
y me invento la voz de la primera mirada,
furtiva entre las páginas de un libro rojo y galante
que me invitaba al aroma de tu cintura.

En ese mismo patio,
en la jungla de un recreo fértil y desnudo.
En él te espero,
a él te invito,
para que vengas y compruebes
que todavía sueño con la escuela,
mi mejor compañera,
mi mejor rima asonante.

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