Examen a los exámenes.

Examen a los exámenes.

  El ministro Wert se reúne hoy con los responsables autonómicos de Educación para plantear los términos de la reforma educativa de la enseñanza no universitaria. Una nueva reforma, un nuevo giro a la organización de la escuela española motivado por las ansias de convertirse en el paladín de lo que los gestores políticos llaman «éxito escolar».

   Ya se han adelantado algunos detalles de lo que supondrá esa reforma pero eso no es lo importante. Porque no es importante que ahora haya más o menos horas de tal cual área o asignatura, ni que la ESO acabe en 3º o se mantenga en 4º. Porque no es importante que se realicen exámenes, más exámenes, al finalizar esta o aquella etapa educativa para mejorar «entre un 20 y un 40 %» los resultados «académicos».

   Y no es importante porque la clave del trabajo bien hecho no reside en la estructura y organización del sistema. Reside en conseguir que quienes tienen que darle vida a esa tarea, el profesorado, estén convencidos de la labor que tienen que desarrollar. No hay mejores o peores modelos organizativos, ese es un error de planteamiento. Al sistema lo hacen bueno las personas, y para que lo hagan bueno hay que lograr que se impliquen hasta lo más profundo de su alma en su quehacer.

  Si no se cuenta con el profesorado, si el ministro Wert no seduce a sus trabajadores de la bondad de esta reforma,  si no consigue su complicidad, ya le adelanto que fracasará. Y dentro de unos años vendrá otro ministro o ministra  que no habrá visitado una escuela nunca ni compartido toda una jornada con los maestros y alumnos. Un ministro o ministra que no habrá vivido la experiencia humana de, por ejemplo, consolar a un niño cuando un amiguito le ha quitado la pelota o atender el fracaso emocional de ese niño cuyos papás se han separado. Un ministro o ministra que no habrá tenido la ocasión de mantener un encuentro con los padres de un alumno porque «ya no sabemos qué hacer con él» ni se habrá visto en la tesitura de decidir qué estrategia seguir con ese alumno que rompe las clases y ha dimitido totalmente de su participación en el proceso educativo y, digo, planteará a la sociedad española un nuevo modelo organizativo porque el anterior no habrá cumplido las expectativas de la calle Atocha o de Gómez Laguna.

   Si queremos lograr que se cumplan unos objetivos educativos razonables es necesario seducir, convencer pero también acompañar, apoyar, escuchar y compartir ideas con el profesorado. Para no llegar al muy preocupante nivel de enfrentamiento a que se ha llegado. Ahora mismo, señor Wert, con las notas en la mano, el Ministerio no aprueba.

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