El lunes se presentó la Unidad de Apoyo al Profesorado, que persigue cuidar de quienes sustentan el sistema educativo. ¿Cuidar “de” o cuidar “a”?
El título parece un poema al revés. Sospecho que los docentes no hablamos, que somos como un verso dirigido a una sociedad que escucha poco y vive de espaldas a la palabra de quien aún creemos en la vocación. ¿Los docentes
hablamos? En realidad, muy poco. Quizás porque nos han puesto entre la dificultad y la ignorancia. O porque vivimos para que el sistema educativo mire de frente a los ojos de la gente.
Cuando el docente habla, cuenta que le gustaría un sistema de acceso a la carrera que valorase también valores. Quiere decir que cree en otra distribución de los tiempos, otra organización de los espacios y un nuevo diseño de los equipos didácticos. Desea hablar de que es necesario que los equipos directivos lo sean porque quieren, saben y pueden. Y pretende que se le crea cuando se refiere a las familias como cómplices incondicionales cuyo apoyo tanto bien hace. ¡Ah! Y que confíen en ellos. Por eso necesitamos que se nos conozca de verdad, que sepan cómo somos, por qué somos y, muy importante, con quién somos. Hace falta más verdad y menos titulares.
¿Hablamos poco? Pues entonces es preciso que seamos mensajeros de nuestra vida. Que compartamos nuestro trabajo, opiniones e ideas. La sociedad tiene que conocernos y eso depende de ellos, de ti y de mí. Es una asignatura pendiente.
