El Boletín, nº 1 - mayo, 1997
Sostiene Javier Echevarría que las tecnologías de la información y la comunicación, cuando convergen entre sí, generan un sistema tecnológico, el sistema TIC. Y nos invita a convenir, además, que ese sistema es mucho más que eso porque ha propiciado un nuevo espacio-tiempo social, el llamado tercer entorno.
Un primer paso necesario es describir cómo se han transformado la información y las comunicaciones y, sobre todo, las relaciones humanas. Si el primer entorno es la naturaleza y el segundo las ciudades, espacios en los que el contacto físico es determinante, este tercer entorno propicia relaciones e interacciones a distancia y en
red. Por eso el concepto espacial que ahora manejamos no encaja con esa realidad tan sólidamente instalada en familias y alumnado, no así tanto entre el profesorado.
Esas escuelas sin muros ilustran la relevancia de explorar nuevas formas de organización de aulas y espacios escolares. En la sociedad-red planteada por Castells, surgirán escuelas-red donde se integrarán los procesos de aprendizaje y socialización. No obstante, no solo nos referimos a los espacios físicos, sino también a la otra dimensión del fenómeno escolar que aún requiere una mayor reflexión: la organización del tiempo. Los límites horarios impuestos por la normativa restringen nuestra capacidad para abordar propuestas pedagógicas que exigen una amplitud intelectual, social y emocional de largo aliento.
Quienes hemos vivido experiencias educativas en las que el tiempo está al servicio del proyecto y no el proyecto a la sombra de las franjas horarias sabemos que otra forma de estar en el mundo es posible. Y no hace falta esperar a que se le ponga un apellido a la vida. La experiencia del Canal Pispotero/Pispotero/Onda Pispotero, como tantas otras que conocemos y conoceremos, es una prueba de ello. Un ejemplo de escuela con horizonte, de escenario ancho, de viaje lleno de conocimiento.
Así pues, si la escuela se adapta a ese tercer entorno será posible instalarnos en una estructura con sentido de permanencia. Solo si creemos que las ideas tienen que llegar a la escuela para quedarse podremos construir proyectos sólidos que nos permitan a todos aprender a lo largo de toda la vida.