Hay una escuela que se lee, se ve y se escucha. Es la misma que escribe, dibuja imágenes y habla. Es la que cree en los medios de comunicación. La conozco muy bien pues crecí en ella, primero como alumno, en los setenta, y luego como docente en centros aragoneses como Illueca, Movera y, sobre todo, Alcorisa.
Un periódico, una radio, una televisión escolar tienen hoy todo el sentido. Contribuyen al desarrollo de las competencias críticas, informacionales y mediáticas, tan necesarias para que nuestros estudiantes crezcan al lado de la verdad. Además, nos permite seguir el legado de Freinet a través de la observación del entorno y el desarrollo de la capacidad creativa en un mundo en el que reina la polarización y gobierna la desinformación.
Un periódico de centro, dice Albano de Alonso, “une a la comunidad educativa en torno a un mismo fin cultural y pedagógico” y le da lecciones al mundo adulto, “sumido en la vorágine individualista”.
Docentes comprometidos forman a sus chicas y chicos en investigación y creación de contenidos contrastados. Si eso se hace en soporte de periódico, radio o televisión escolar, estaremos conformando un edificio de vivencias, experiencias y emociones que contribuye a la construcción de un sentimiento de pertenencia y respeto a un entorno que nos identifica y nos muestra de dónde venimos para saber a dónde vamos.
La prensa en la escuela, en fin, es ladera que vincula pasado y presente, es cofre de experiencias al alcance de la comunidad.
