Escribe.
Rómpele el alma a esa tormenta que agita
las ramas de tu corazón con la violencia de la sangre vieja.
Escribe.
Azótale la espalda a los mares desconcidos
que se ríen de tu quietud.
Escribe.
Regálale la vida a los amaneceres de miel
que derraman caricias sobre el viento vacío.