Que la escuela sea más bella

Hace un año escribí un artículo que publiqué en este mismo lugar. En él hablaba de deseos, ilusiones y proyectos. Todos ellos posibles. Todos ellos conseguibles. Hoy, 365 días después, me pregunto si podría escribir el mismo texto. Confieso que no encuentro respuesta. Lo cierto es que no puedo hallar ninguna . ¡Han cambiado tanto nuestras vidas!

Si alguien nos hubiera dicho…En fin, ya sabemos lo que va después de esta frase. Sin embargo, me gustaría recuperar aquellas sencillas frases. Y tratar de ponerlas en contexto, el que ahora nos acompaña. A su amparo respiramos este aire de incertidumbre, de inquietud, de inestabilidad.

Escribí entonces: “Hoy empieza un nuevo curso. Un curso joven de mochila amplia, de estuches abiertos. Con la ilusión de siempre, con cien mil motivos para soñar”. ¿Joven? ¿Mochila amplia? Sí, desde luego, pero nos hará falta que la sangre corra por nuestras venas. Que lo haga con la fuerza del futuro, el que nos espera aunque no sabemos dónde.

   Escribí entonces: “Nuestros centros son un espacio y un momento para el encuentro. Por eso soñamos que nuestras escuelas lo sean para todos”. ¿Espacio para el encuentro? Ni el más diabólico de los guionistas de las peores películas de serie B habría sido capaz de imaginar una realidad más torcida. ¡Qué humor más negro! ¡Qué maldita ironía!

Escribí entonces: “Nos unimos a soñar una escuela bonita, donde la belleza sea la mano que cogemos para sentirnos bien”. Sin duda seguimos soñándola. Eso sí, hoy la belleza no la construimos a base de abrazos y sonrisas limpias. La construimos con voluntad para cuidarnos unos a otros.

   Escribí entonces: “Una escuela que nos maraville con el saber,  con el arte, la música, la poesía, la naturaleza”. Sí, sin duda seguimos empeñados en ello, pero habrá que buscar otros caminos. Muchos de ellos  hasta ahora desconocidos, muchos ya lamentablemente familiares.

   Escribí entonces: “Una escuela manchada de sociedad  en la que se caigan las paredes. En la que los muchachos se sientan tan cómodos en nuestras calles como en nuestras aulas”. Otra horrenda pesadilla tener que renunciar a ello y hacer de los límites físicos nuestro seguro de vida, nuestra garantía de bienestar.

   Escribí entonces: “Una escuela de la creación, donde nos expresemos con libertad para sentirnos más cerca de los demás”. ¿Libertad? ¿Cerca de los demás? Tendrá que ser a través de la mirada semiclandestina, sujetos a la norma que nos impide ser libres pero nos asegura el bienestar y la salud.

   Y escribí, en fin: “Una escuela, no de la razón, sino de las razones. Porque estamos  en comunidad para hacernos preguntas que solo la vida podrá respondernos”. Y seguimos creyendo en la comunidad, porque solo sintiéndola como algo propio podremos sostener el alma que tanto dolor acumula, el corazón que no debe dejar de latir nunca.

   Todo eso era ayer. Todo esto es hoy. Y en mi párrafo final le otorgo a mis compañeras, a mis compañeros docentes la confianza en su compromiso, en su generosidad, en su esfuerzo, en su fe sin límites. Y confirmo un año después la semilla que sembró en nuestra piel el profeta Joel, quien en el siglo IV escribió: “Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones y vuestros mayores soñarán sueños”. Profeticemos, pues, las visiones que soñamos. Porque eso nos queda: el futuro por construir.

3 comentarios en “Que la escuela sea más bella

  1. Begoña

    Ahora más que nunca tenemos un «nuevo» futuro por construir. Tendremos que estar a la altura y reconfigurarnos para que entren abrazos, sueños, creaciones y libertades

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