Hablemos de educación

La educación concertada, ¿mimada?

  La sociedad española dispone de dos (tres, para ser exactos) ámbitos educativos según sea la titularidad del centro escolar de que se trate: la escuela pública y la escuela privada concertada. En un tercer estadio situaríamos a la escuela privada, pero por escaparse al ámbito estatal de manera integral, obviamos su referencia.

   En el caso de los colegios e institutos públicos la gestión administrativa, pedagógica y económica corresponde al Departamento de Educación de la Comunidad Autónoma correspondiente, con participación municipal en el caso de los colegios de Ed. Infantil y Primaria en lo que se considera mantenimiento de edificios (luz, calefacción, agua, limpieza, conserjería). En el caso de los colegios privados concertados la gestión administrativa y pedagógica corresponde a los titulares del centro y el Estado realiza una aportación económica para sustento del centro, en torno a un 60 % del total, y la totalidad de las nóminas del profesorado. Esto a grandes rasgos.

fotos 028   Sin duda este status quo propicia un generoso debate sobre la conveniencia de mantenr este sistema, pues hay muchas cuestiones que se debaten en medio de marejadas ideológicas que impiden llegar a puntos de encuentro. Pero el motivo de este artículo es responder a la pregunta que lo intitula: ¿está la educación concertada mimada por la actual Administración?.

   La LOMCE presenta una propuesta sistémica que se basa en premisas. En el tema que nos afecta la idea es que puesto que la libertad de elección de las familias es un principio irrenunciable, si hay preferencia de los padres por la enseñanza concertada será un argumento que «obligará» a la Administración a cuidar a la privada concertada y no primar a la pública, debiendo tener en cuenta esa “demanda social” a la hora de programar la oferta de plazas en la etapa obligatoria.

   Otros aspectos que nos indican que hay una apuesta muy clara por favorecer a la escuela privada concertada son la eliminación del representante municipal en los Consejo Escolares de estos colegios, además de promover que los períodos para renovar los conciertos pasan de cuatro a, y atención a esto, un mínimo de seis años en el caso de los colegios, lo cual abre la puerta a la renovación automática, lo que supone que estos centros recibirán dinero público sin ningún tipo de control cuando quien gestiona es una empresa privada que, lógicamente, obtiene los beneficios pretendidos por su propia naturaleza.

   En otro orden de cosas, en el nuevo texto se habla de que la Administración educativa garantizará la existencia de plazas suficientes, especialmente en las zonas de nueva población, eliminando el término «públicas», lo que supone que no se prima la oferta pública, que recordemos es la única que garantiza la cohesión social y la igualdad de oportunidades. Y de esto doy fe, pues llevo muchos años hablando diariamente con familias que vienen a nosotros para hablar de lo más sagrado de sus vidas, que son sus hijos, y aseguro que en la escuela pública lo importante es la persona, así, sin apellidos y tenemos muy presentes sus creencias, su cultura, su religión y su ideología. Hoy mismo lo he vivido. Y mañana. Y ayer. Y si el lector tiene paciencia mañana podrá leer el relato de una divertida y entrañable anécdota que viví hace un tiempo cuando compartí pupitre y confidencias con un compañero de un colegio privado a quien tuve el gusto de conocer en una reunión de trabajo.

   Por acabar hoy, deseo manifestar que un principio universal con el que deberíamos estar de acuerdo todos es que la red educativa pública debe ser la principal prioridad de cualquier administración, conservadora o progresista, pues es ella la que acoge la pluralidad, la diferencia, la que apuesta por la Ética antes que por la Moral, la que trabaja por unir lo distinto en un proyecto común que se hace fuerte en la convivencia. La escuela pública asume valores universales y vive por y para el entendimiento, y de cómo vivimos esto los profesionales de la educación pública podría hablarles largo y tendido. Y si me preguntan si la red privada concertada debe ser subsidiaria de la pública responderé ante quien quiera escucharme: sí.

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