Ser tutor, ser tutora. Entramos en Territorio Acogida, en las llanuras en las que cohabitan las tres caras de la luna educativa – alumnado, profesorado y familias -, en las inequívocas sendas donde confluyen la escucha, la orientación y el cuidado.
He sido tutor en la mitad de cursos en que he habitado el aula y defiendo que es una de las tareas más profundas y a la vez ignoradas del universo educativo. Escribo esto porque a los docentes se nos exigen respuestas incluso cuando no hay preguntas. Por ello, defendamos contar con recursos y estrategias cómplices.
Creo en el Plan de Acción Tutorial, herramienta fundamental que organiza las acciones de orientación, expresa las señas de identidad del centro y comparte su personalidad pedagógica. Es manantial de certezas si un objetivo nuclear de la escuela es proporcionar al alumnado apoyo y propiciar entornos en los que los vínculos humanos son el hilo que teje los lazos de la comunidad.
Por otra parte, vemos al PAT como a ese aliado sólido en la construcción de marcos para educar en convivencia y responsabilidad compartida. Nuestro alumnado se caracteriza por la diversidad, nuestras familias son un mosaico diferencial de realidades asimétricas y el colectivo docente se distingue por su heterogeneidad. Este lienzo nos invita a prevenir, abrazar la inclusión e integrar el acompañamiento. Tres luces que nos guían en la tarea de considerar a cada ser humano como alguien único e irrepetible. No otra cosa es tutorizar.
