Vuelvo a casa después de un encuentro con personas que viven en el aula, su entorno natural. Mientras escucho “Corazón viajero”, de Txarango, construyo un relato sobre la forma de vivir la educación que amamos y nos ama. Nos han regalado sus palabras y de todas ellas me quedo con cuatro que me ayudan a entendernos mejor.

Inclusión, porque es preciso construir ecosistemas que nos abran a la esperanza de una humanidad plural, colaborativa y libre. Porque lograr que los centros sean comunidades de convivencia requiere de avances profundos y serenos.

Convivencia, porque hay que incorporar profesionales de la atención y el cuidado que contribuyan a generar universos de confianza.

Participación, a la que entendemos como “un proceso de aprendizaje que es necesario enseñar y estimular” (M. M. Galcerán). Para ello, hagámonos las preguntas adecuadas de la forma apropiada para evitar las respuestas deformadas. Participar también es ”reflexionar para propiciar acciones críticas y no convertirnos en parte del algoritmo”. (Jesús Ibáñez)

Entorno social, porque “nadie educa a nadie, nadie se educa a sí mismo, los seres humanos se educan entre sí con la mediación del mundo” (Paulo Freire) Las olas del crecimiento como comunidad nos llevan a la orilla de las alianzas con quienes compartimos nuestro hábitat.

Y es que “viene contento el porvenir”, sí, aunque a veces no lo vemos. Quizás por eso proponemos un mismo lenguaje elaborado a partir del encuentro frecuente, natural, deseado.

Juan Antonio Pérez Bello
japbello@gmail.com
Entrada anterior Profesorado constructor (Heraldo Escolar) Foto: Jaime Perpinyà
Entrada siguiente Emprende y acudiré (Heraldo Escolar) Foto: Jaime Perpinyà

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *