Sabe aquella calle dormida que en sus piedras sin esculpir
acosté la furtiva fascinación por tu alegría.
Sabe aquella calle dormida que en la esquina de la tarde infatil
saboreaba el niño enamorado cada una de tus risas.
Sabe aquella calle dormida que en sus piedras sin esculpir
acosté la furtiva fascinación por tu alegría.
Sabe aquella calle dormida que en la esquina de la tarde infatil
saboreaba el niño enamorado cada una de tus risas.
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