Desearías cerrar el día,
oler mis labios que ahora se enfrentan
a las ganas de abandonarme a la voracidad que me atrapa,
pero esa mano quieta tiembla de anhelo.
Te pierdes, pero adivinas la cima de mi fuego,
no intuido, sí mostrado con alegre insolencia.
¿Te duele no verlo?