Está mi boca tan cerca de la miel roja
que puedo conocer la cercanía de la piel
que anuncia mis sueños.
Ahorré caricias para derramar mi boca
sobre el calor que me acorrala
y al que no sé cómo esquivar.
Pero derroché las ganas de romper la muerte
porque aún mis manos acarician
el tiempo que nunca tuvimos.
Saca el sol de tus labios
y ofréceme la luz que despierta
esta agua añorada,
este sendero perdido.